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El aguatinta

El aguatinta se basa técnicamente en el mismo principio del aguafuerte, pero a diferencia de aquel las líneas se sustituyen por superficies tonales.  Es una técnica pictórica de grabado calcográfico que permite la obtención de semitonos o infinitas gradaciones de un mismo color. Sobre la superficie de la lámina se espolvorea uniformemente resina de pino pulverizada. El punto de resina, como la capa de barniz en la técnica del aguafuerte, actúa como aislante. Es decir, al sumergir la lámina en el ácido éstebr  sólo ataca los intersticios que se encuentran entre los puntos de resina que previamente han debido ser fijado al metal. Para ello se calienta el dorso de la lámina sujetando ésta con unas tenazas antellanas. Tal calentamiento provoca la dilatación de la resina y su adherencia a la plancha. El tiempo de exposición al  calor debe ser suficiente para que se adhiera el punto de resina, pero no exagerado, porque una dilatación excesiva de los granos provocaría la fusión de éstos con sus vecinos formando una capa uniforme que impediría la actuación del aguafuerte. Para crear zonas de puntos de diferentes profundidad, se emplea el mismo recurso de las reservas con barniz descrito en la técnica del aguafuerte.

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La litografia

El soporte sobre el que interviene el artista litógrafo en este procedimiento es una piedra calcárea, porosa, que tiene la capacidad de absorber tanto la grasa como el agua. Sirviéndose de un lápiz o de tinta de composición grasa, el artista efectúa un dibujo sobre la piedra una vez que su superficie ha sido convenientemente pulimentada y graneada o bruñida. La tinta o el polvo de lápiz graso penetra en los poros de la piedra que coinciden con la zona dibujada. Si la superficie de la piedra se moja el agua penetrará en los poros libres y será expulsada de los ocupados por la tinta debido al rechazo natural que existe entre el agua y la grasa.

Por su naturaleza el agua y la grasa se repelen, no se mezclan. Mediante un procedimiento químico conocido con el nombre de acidulación, se aplica sobre la piedra una capa de ácido nítrico mezclada con goma arábiga que permite fijar la zona dibujada y limpiar de grasa los poros de la zona libre, haciéndola más receptiva al agua para estampar el dibujo de la piedra hasta humedecer ésta y a continuación pasar un rodillo empapado en tinta grasa.

La tinta sólo penetrará en los poros ocupados anteriormente por el dibujo y será repelida de los poros donde esté el agua. La estampación litográfica es plana ya que la tinta se deposita en la superficie de la piedra, superficie que no ha sido rebajada en las zonas blancas ni tampoco incidida con instrumento alguno. El mismo proceso puede ser aplicado sobre otros tipos de soportes, en particul planchas metálicas de cinc cinografía o aluminio algrafía.

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El aguafuerte

El aguafuerte es una técnica indirecta de grabado calcográfico. La plancha se recubre con un barniz protector sobre el que dibuja el grabador con una punta metálica, asegurándose que dicha punta toca la superficie del metal sin hacer surco alguno en ella.

La punta, en consecuencia, puede ser roma o, en cualquier caso menos afilada que la utilizada en la punta seca. La ventaja de no arañar la plancha es que pueden corregirse fácilmente los errores cubriendo de nuevo las líneas o zonas no deseadas mediante un pincel mojado en barniz. Por el contrario, si el grabador araña el metal, aunque vuelva a tapar la línea con barniz, el pequeño surco abierto por la punta se llenará de tinta durante la estampación y quedará visible el defecto. Una vez realizado el dibujo sobre el barniz, se sumerge la lámina en una cubeta de ácido mordiente rebajado con agua aguafuerte que tiene la capacidad de atacar el metal y disolverlo en aquellas zonas en que se ha hecho desaparecer el barniz. La profundidad de las tallas depende del tiempo de exposición al ácido y de la concentración de éste.

Existen dos procedimientos para crear surcos de diferente profundidad: el primero de ellos consiste en realizar el dibujo completo e ir creando reservas, es decir, tapando progresivamente con barniz las zonas o líneas que han sido suficientemente expuestas a la acción del ácido; el segundo consiste en realizar primero las líneas y zonas que se desea que salgan más oscuras en la estampa, sumergiendo la lámina en el aguafuerte en intervalos a medida que se abren nuevas líneas hasta llegar a las más superficiales. Las líneas del aguafuerte carecen de la precisión de las del buril y punta seca, sus perfiles no son tan regulares porque la mordida del ácido no corta el metal sino que lo desgasta irregularmente. Son líneas nerviosas, entrecortadas y de grosor variable. La dificultad de esta técnica estriba en el cálculo de la capacidad de corrosión del ácido, teniendo en cuenta que la mordida será más activa cuanto más concentrado esté  el aguafuerte, mayor sea su temperatura y menos veces haya sido utilizado. Dependiendo de su poder de corrosión y de la profundidad que se quiera dar a las líneas, el grabador debe calcular el tiempo de exposición de la lámina al ácido. Esta operación es sumamente delicada, pues un cálculo incorrecto de tiempos puede provocar un desgaste excesivo del metal y la destrucción de la matriz. Por otra parte, si el barniz protector no ha sido eliminado correctamente del dibujo, el metal no será atacado por el ácido y quedará sin grabar. Una vez abiertas la totalidad de las tallas se limpia el barniz sobrante con un paño mojado en alcohol quedando la lámina en condiciones de ser estampada

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El damasquinado

El damasquinado, es de una incrustación de oro sobre el acero del arma. Se sabe, que sus orígenes fueron en Oriente, concretamente, en Damasco. Cuando tenemos en nuestras manos un revolver, pistola o una escopeta de calidad, y a esto se le suma un adorno que la realza aún más, tenemos una obra de arte. Son pocas las armas que podemos ver con este tipo de artesanía. Por su elevado coste son pocas las que se pueden Trabajar… En Vascongadas nace una nueva forma de hacer este arte, se reinventa un sistema o forma de incrustar este metal precioso en la superficie de las armas… Uno de los innovadores fue Eusebio Zuloaga, nacido en Madrid, pero de ascendencia Eibarresa, maestro armero y enriquecedor del damasquinado exterior de las armas, revolucionó este campo allá por el año 1.845. El sistema que empleó fue el de punceta. Así como, más tarde, su hijo Plácido, siguiendo la escuela de su padre, empleó el método de estriado o cuchilla, siendo este último de mayor facilidad y perfección.  Desde entonces, son unos pocos los privilegiados, a los cuales su bolsillo  les permite poder adquirir alguna de estas obras que existen y que se siguen aun fabricando en la actualidad por grandes artesanos. Aunque  lamentablemente, en el mundo armamento deportivo son muy pocos los maestros que ya pueden burilar esta artesanía tan antigua..